Liberarse de las cargas y apegos

Hoy ha sido un día especial.

Hemos realizado un gran ritual para empezar este viaje conectados a nosotros mismos, ligeros de equipaje, libres de miedos, con ganas de vivir y experimentar lo que  la vida nos tenga preparado, de estar donde tengamos que estar con una nueva mirada mas abierta y confiada.

Todo ha empezado porque hemos abierto un libro de cuentos, "sopa de pollo para el alma" de Jack Canfield y Mark Victor Hansen por una página al azar y nos hemos encontrado la experiencia de una maestra de 4º de primaria que junto con sus alumnos realizan un ritual para enterrar los "no puedos".

 

Así que para ello, cada uno escribe su propia lista de "no puedos" y la coloca en una caja de zapatos vacía que luego van a enterrar en un hoyo que hacen en el jardín. En el funeral leen el siguiente responso:

 

"Amigos, hoy estamos reunidos para honrar la memoria del "No puedo". Mientras estuvo con nosotros en la Tierra, afectó a las vidas de todos, de unos mas que de otros. Su nombre ha sido pronunciado en todos los edificios públicos, en las escuelas, ayuntamientos, en el trabajo, etc...

 

Hemos buscado para No puedo, un último lugar de reposo y una lápida que lleva su epifacio. Le sobreviven sus hermanos Quiero, Puedo y lo voy a hacer. No son tan bien conocidos como el célebre difunto y aún no tienen la fuerza y el poder que éste tenía. Tal vez, algún día, con vuestra ayuda, dejen en el mundo una huella mucho más importante.

 

Ojalá No puedo descanse en paz y que en su ausencia todos los presentes rehagan su vida y sigan adelante. Amen."

Y después del funeral, volvieron a la clase para CELEBRAR con galletas, chuches y zumos de fruta. Colgaron la lápida en la pared de la clase el resto del año. Y cuando a algún niño o niña se le olvidaba y decía no puedo, la maestra le señalaba la lápida, y entonces buscaba otra forma de expresarse.


Y nos ha hecho reflexionar.

 

Cuántas veces estamos en el "No puedo" o en el "No sé". Y cuántas actuamos, sin ser conscientes, repitiendo conflictos y dolores antiguos que creíamos haber olvidado. Así que hemos hecho un ejercicio parecido.

 

Hemos escrito todos nuestros no puedos y hemos representado en hojas rotas todos nuestros conflictos, liberándonos y haciendo lo mismo a la o las personas que estaban implicadas en ellos. Y lo hemos enriquecido con un pequeño ritual, para permitir y potenciar que crezca lo que realmente queremos.

 

Y nos hemos ido de excursión a un lugar especial en la naturaleza. Un pequeño cañón de un río, en una zona de montaña, al lado de un monasterio. Un espacio de poder.

 

Y los hemos enterrado allí. Con todos los honores. Porque han tenido un gran espacio en nuestras vidas, porque han cumplido una gran función, y porque gracias a todos ellos estamos aquí ahora, tal y como somos.

 

Y ahora, queremos vivir libres, sin esas ataduras, abiertos al puedo, al sé, y como mucho, al necesitamos un poco más de tiempo o elegimos que ahora no es el momento.

 

Y ha sido muy bonito. Nos hemos sentido muy bien, muy ligeros, con mucho agradecimiento a todo lo que hemos vivido hasta ahora, a todas las personas que han pasado por nuestra vida, a la Tierra, al Sol, al Universo. Con la confianza de saber que todo está bien y que ha tenido que ser como ha sido aunque no lo entendiéramos.

 

Si te animas a hacer algo parecido, nos encantará saber cómo ha sido para tí.

Escribir comentario

Comentarios: 0