Cumplir los sueños

En este viaje, hemos conseguido CUMPLIR muchos de nuestros grandes sueños.

 

Y nos sentimos llenos de orgullo y emocionados por una parte y muy agradecidos a todo y todos lo que lo ha hecho posible.


Este sueño lo he tenido desde hace mucho tiempo, e incluso en momentos difíciles de la vida pensar en él me ha ayudado a seguir adelante.

 

Creer que era posible. Sentirlo cómo algo más importante que yo mismo y que me permitía salirme de las pequeñas circunstancias y problemas de cada día, algo que ha sido como mi norte, algo con qué soñar.

 

Ir dando pequeños pasos para hacerlo posible, como trabajar mi autoestima, mi poder personal, comprar la autocaravana, etc. Saber que estaba ahí y también no obsesionarme con él.

 

Y en el momento preciso dar el paso y atreverme a ponerme en movimiento. El inicio fue como un salto al vacío. ¡Ahora!, ahora puedo hacerlo realidad, está al alcance de mi mano y voy a por ello. Por que, cuántas veces en el momento de agarrar y vivir nuestro sueño nos echamos atrás, por miedo, porque pesa más la tranquilidad o la seguridad, porque hay que dar un paso a lo desconocido, por el qué dirán. Y nos decimos, no importa, no era importante, pero una tristeza queda por dentro.

 

Y, ahora soy consciente de que han sido necesarios mucha dosis de valentía y de coraje para creer en mi y en mi sueño y para hacerlo posible. Mucha paciencia para confiar en que el momento adecuado llega. Mucha serenidad para afrontar las dificultades y seguir adelante. Mucha humildad para pedir ayuda y buscar los recursos.

 

Ha sido importante desprenderme de lo conocido y de mis expectativas para estar abierto a lo nuevo. Capacidad de disfrutar con lo que ha aparecido cada día, con cada pequeña cosa. Alegría e inocencia, como tienen los niños, para ilusionarme con cada detalle. Ver las oportunidades donde en principio aparecían problemas.

 

Y sobre todo agradecer. Agradecer cada momento, agradecer a cada persona, agradecer a las circunstancias, a algo más que me ha cuidado y lo ha hecho posible. Y también a mí mismo por hacerlo y vivirlo.

Y ahora os voy a contar un pequeño cuento relacionado:

 

Había una vez, un niño llamado Sueño, que vivía en el lugar más hermoso del universo. Sueño anhelaba crecer y conocer otros mundos

 

Sueño se la pasaba por allá en lo alto, por las nubes jugando y jugando todo el día. Una vez Sueño se dio cuenta que él no crecía como crecían sus amigos, además empezó a sentirse muy débil y poco a poco perdió sus ganas de jugar.

 

Un gran día, llegó un mensajero que llevaba consigo un maletín muy especial que contenía alimentos para así fortalecer y hacer crecer a Sueño.

 

Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día aquel mensajero lo alimentaba con aquellos manjares. Muchos caldos de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos jugos hechos con decisión y lo más importante; tratándolo con mucha confianza.

 

Sueño creció y creció, y dejó de ser Sueño para convertirse en META y, claro que siguió jugando pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra.  Cada vez más conoció otros mundos; mundos como la felicidad y la satisfacción y un día no muy lejano, Meta dejó de ser Meta y se transformó en REALIDAD.


Escribir comentario

Comentarios: 0