¿A qué tenemos miedo?

¿A qué tenemos miedo?

 

Es una pregunta curiosa. Vivimos en una sociedad que está potenciando el miedo, así que podemos tener miles de respuestas.

 

Sin embargo, nos hemos dado de cuenta que hay una respuesta de la que normalmente no nos damos cuenta, y esa es la madre del cordero. Esa es la respuesta a todos nuestros miedos.


Como hemos dicho nuestras respuestas obvias pueden ser que tenemos miedo a miles de cosas, desde a no llegar a fin de mes, a la muerte, propia o de un ser querido, al dolor, a lo desconocido, a que nos hagan daño, a tener un accidente, etc, etc, etc. Para algunos, estos miedos tienen sentido, para otros son una tontería.

 

Los psicólogos nos explican que se fundamentan en el pasado, porque no queremos que nos vuelva a ocurrir algo que nos hizo daño y sobretodo en el futuro. Miedo a algo que nos puede pasar, y que, según nos dicen, en más del 95% de las veces no ocurre. Aunque ésto no se lo puede creer quien tiene miedo.

 

Y debajo de todos esos miedos, está uno mucho más profundo. EL MIEDO A NUESTRO PROPIO PODER, el miedo a ser poderosos. Y Mandela lo expuso muy bien en su discurso de toma de posesión como presidente electo de Sudáfrica en 1994 cuando leyó un poema de Marianne Williamson.

 

Y quizá no te lo has planteado nunca y te llama la atención. ¿Cómo que miedo a mi poder? "Si tuviera poder, haría esto y cambiaría lo otro, y se iban a reír de mi, estaría bueno, otro gallo cantaría" podríamos pensar.

 

¿Te has planteado que tomar el poder implica asumir responsabilidades? Significa dejar de ser niños que dependemos de los demás y que por tanto nos pueden manejar. Supone darnos cuenta de que somos adultos y actuar como tales. Abandonar la queja de todo lo que nos rodea, de nuestras circunstancias, de los demás, de lo que nos ha pasado o dejado de pasar. Parar de sacar balones fuera y admitir que tenemos nuestra vida en nuestras manos, que podemos.

 

Ser poderosos obliga a asumir que somos dueños de nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestros actos y por tanto, si dependen de nosotros, podemos elegirlos. Y con ellos creamos nuestra vida, cambiamos nuestro mundo.

 

Parece complicado, ¿no?. Para ello necesitamos estar despiertos, porque normalmente vivimos dormidos, desde la rutina y actuando con patrones ya establecidos que, en principio, nos facilitan la vida, pero que nos hacen reaccionar y seguir buscando fuera. Es decir, necesitamos asumir nuestro poder.

 

Y además, ¿te has dado de cuenta de que muchas veces nos cuesta recibir alabanzas? Estamos deseando que alguien nos reconozca, nos valore, nos agradezca, que por cierto, sigue siendo una aptitud de niño, seguimos buscando fuera en vez de hacerlo en nuestro interior. Y cuando alguien lo hace, por dentro hay una voz que nos boicotea con palabras como "y este que querrá ahora o yo se que podía haberlo hecho mejor, o es un alagador y me está mintiendo o no me lo voy a creer demasiado porque sino mi ego se va a inflar demasiado". ¿Por qué no podemos decir gracias, sin mas y sin menos?. Si te paras a analizarlo puedes objetivar que todas estas frases suelen venir de adultos con los que hemos convivido cuando éramos niños.

 

Por otro lado, en el sistema que vivimos tampoco interesa que seamos poderosos, dejaríamos de ser manipulables.

 

Ser poderoso también nos lleva a confiar, en nosotros y en la vida. Creer en nosotros nos lleva a brillar, a mostrar nuestra luz, a ver nuestros recursos, darnos cuenta de todo lo que nos gusta hacer y lo hacemos fácil, de los dones y talentos que tenemos. Dejamos de luchar contra la corriente, de empujar al río y pasamos a fluir, a disfrutar, a dar lo mejor de nosotros. 

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.
El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.
Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.
No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas

para hacer lo mismo.
Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.
(Marianne Wiliamson, Discurso de Nelson Mandela)


¿Te imaginas cómo sería el mundo si nos atreviéramos a brillar, si nos creemos nuestro poder?

 

Y como dice Mandela, cuando tu brillas me das permiso a mi para mostrar mi propia luz, cuando yo lo hago te animo a ti a hacerlo.

Sol de medianoche en Cabo Norte (Noruega)


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Comentarios: 1
  • #1

    Iñigo (domingo, 19 abril 2020 18:29)

    Mucho más trabajo personal para uno mismo
    Gracias Lupe.
    Me encanta lo que vas escribiendo, y me lo cojo como un trabajo personal que tengo que trabajar. Me doy permiso pared a ver mi propia Luz�����